• Patricia Hernández

Trilogía Señores de las dos tierras de Pauline Gedge

Actualizado: jun 10


Esta trilogía relata una parte de la historia de Egipto poco conocida, situada aproximadamente hace cuatro mil años durante la XVII dinastía. Los títulos que la componen son: La ciénaga de los hipopótamos, El oasis y El camino de Horus.


Pasada la era de conquistas y expansión de la Tierra Negra el país está dominado por el setiu Apepa, usurpador extranjero del trono, hasta que el príncipe de Weset decide poner fin a las constantes humillaciones que sufre su familia y recuperar lo que les pertenece. Descendiente directo de los auténticos faraones, Sequenenra no tarda en conseguir el apoyo de la nobleza egipcia para echar al usurpador de Egipto y recuperar las antiguas tradiciones.


Esta trilogía refleja con bastante realismo el estilo de vida y la sociedad de una cultura que fascina a millones de personas por todo el mundo, haciéndote partícipe del día a día, de las fiestas y costumbres del antiguo Egipto y compartiendo las aventuras de una familia poco conocida.


Una serie de apasionantes novelas históricas que relata las aventuras de una familia que solo desea recuperar lo que les pertenece por linaje. Llorarás, reirás y vivirás todas las aventuras y desventuras de la familia Tao si finalmente te decides a leerlas.



Sinopsis


La ciénaga de los hipopótamos: Tras siglos de gloria, Egipto se halla sometido al yugo de los hicsos —a quienes los egipcios denominaban setiu—, un pueblo bárbaro llegado del norte para imponerse sobre la corrupta XII dinastía faraónica. Sin embargo, Apepa, el temido rey de los setiu, no puede disfrutar con plenitud de su poder porque al sur, en una pobre y lejana provincia a orillas del Río de la Vida, se encuentra Seqenenra Tao, Príncipe de Weset, descendiente del último faraón, encarnación de Horus e Hijo del Sol.


Recluido en sus remotos dominios, Seqenenra es en apariencia un súbdito fiel, pero ante los ojos del monarca invasor es un desafío a su omnipotente autoridad soberana. Así pues, cuando el rey de los setiu lo somete a una serie de humillaciones indignas del sucesor del gran Sesostris, conquistador del Nilo, Seqenenra decide poner fin al vasallaje de los suyos, a sabiendas de que el precio a pagar será desmesurado.


El oasis: Si en La ciénaga de los hipopótamos –la primera parte de la trilogía–, el rey Seqenenra, perteneciente a la estirpe de los Tao, antiguos conquistadores del Nilo, inicia la lucha para expulsar a los invasores hicsos, en esta segunda es el príncipe Kamose, su hijo y heredero, quien prosigue la insurrección para unificar el reino y desalojar a los extranjeros que están acabando con las costumbres y tradiciones milenarias.


Con un ejército de cincuenta y cinco mil hombres, las victorias y devastaciones se suceden a lo largo del Nilo hasta que las tropas llegan a los muros de la inexpugnable Het-uart, la ciudad donde se encuentra Aqenenra Apepa, el rey usurpador que ha tomado como esposa a Tani, la hermana menor del príncipe. Ante la prolongación del asedio y la inminencia de las inundaciones, Kamose decide esconder a sus soldados en un oasis del desierto hasta la retirada de las aguas y tender allí una trampa a su mortal enemigo.


Sin embargo, a pesar de las victorias cosechadas, Kamose mantiene la sospecha oculta de no ser el verdadero elegido por los dioses como rey de Egipto, lo cual, unido a la angustia por la inevitable crueldad de su campaña y al presagio de una muerte próxima, hará mella en su salud mental.


El camino de Horus: El hermano de Kamose se propone acabar la tarea iniciada por éste e instaurar un reinado donde impere la tolerancia. Para ello exige a los nobles jurarles fidelidad a él y a su esposa Aahmes-Nefertari, la cual se encargará de capitanear a los guardias de palacio mientras su marido parte a reconquistar las tierras del Delta y asediar Het-uart. Su sueño es derrocar a Apepa, liberar el Delta y dominar el Camino de Horus.


Sin embargo, en las largas horas de vigilia que impiden el sueño, Ahmose se siente solo, presa de la obsesiva necesidad de reinstaurar la gloria del Egipto ancestral, una nación maldita y bendita por los dioses. Así pues, en sus hombros ha recaído la nada desdeñable tarea de concluir la lucha que han librado tres generaciones de la estirpe Tao.



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